El espejo, símbolo de la virginidad de María en el que Dios refleja su propia imagen.
Asociada en el Cristianismo a la Sabiduría, Ella es la destinataria de las palabras de Salomón: “no tiene lugar en ella ninguna cosa manchada; como que es resplandor de la luz eterna, y un espejo sin mancilla de la majestad de Dios, y una imagen de su bondad”.
María es transparente a la perfecta Voluntad de Dios, siendo Mediatrix en la “Anunciación, encarnación y nacimiento de Cristo”.
Es reflejo de la Verdad cuando creyó a Dios por las palabras de Gabriel, y por lo tanto como fue dicho de Abraham “Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia”, la respuesta de María ante la voluntad de Dios, propia de su pureza e inmaculada naturaleza; es el reflejo de aquella fe que justifica a todos los creyentes.
María, madre de Cristo y madre de la Iglesia, es también el lugar donde mirarnos, pues como espejo sin mancilla de la majestad de Dios, nos devolverá una imagen mejorada de nosotros mismos.













