LA VOLUNTAD DE DIOS

Hacer la voluntad de Dios, es desear hacer lo que Él ha determinado. Implica unirse al Hijo en el deseo de la Voluntad del Padre tal como lo manifestó en todo momento.
Mateo 6:10 “ Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra."
Juan 7:17 El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.
Supone un abandono a su deseo distinto a una acción colaboradora. Una visión global del propósito de Dios en cuanto al Reino. Una entrega donde poder discernir la función que dentro del cuerpo podemos realizar mediante la fe en la gracia que nos es dada.
Implica un servicio racional para el alma donde el intelecto ha de discernir, interpretar, examinar y aprobar lo que es genuino como bueno, agradable y perfecto.
En este servicio entendido como culto espiritual, es necesario poner el cuerpo a disposición de Dios como una ofrenda santa. Renovar el espíritu de nuestra mente, acomodar nuestro entendimiento a las escrituras para que la razón de las cosas sea conforme a la razón de Dios, a la verdad. Es necesario abandonar la conformidad con los conceptos del mundo, ocupar nuestra atención en todas aquellas cosas que proceden de buen nombre, que son santas y buenas.
La única obra eficaz mediante la cual podemos recibir el Espíritu Santo, es por la Gran Obra Redentora de Cristo y mediante la fe. Mas la acción del Espíritu en nosotros es un efecto real, tangible, lógico o racional y no sometido a nuestras sensaciones. Un correcto discernimiento de esta acción del Espíritu en nosotros, nos permite determinar la medida de la fe, nos sitúa en la voluntad de Dios.
Romanos 12:1-8 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.  2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.  3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.  4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,  5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.  6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;  7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;  8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
Es este primer deseo que nos mueve hacia la voluntad de Dios, una manifestación de su Gracia, (Filipenses 2:13). Y una garantía en cuanto al entendimiento que reconoce en las palabras de Cristo la Doctrina de Dios.
Las dudas en el corazón de los hombres en cuanto a la veracidad de las palabras de Cristo y su doctrina, proceden de una disposición contraria y enemiga a los deseos de Dios. Amontonar razones no despeja las dudas, solo la conversión y el arrepentimiento hacen el corazón receptor de la Gracia Divina. El alma arrepentida y convertida habita en la Gracia y es apta para discernir espiritualmente.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:10

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